Puerto de San Sebastián

Como buena ciudad costera, San Sebastián tiene puerto. Un puerto pequeño, recogido, que ha dejado atrás el comercio y la pesca para enfocarse en el ocio y el deporte.

El puerto de Donostia está pegado a la Parte Vieja, protegido por el monte Urgull, y forma un triángulo que cierra la bahía de La Concha hacia el este. Si seguimos La Concha llegaremos a él inevitablemente. Igualmente, si siguiendo el río Urumea continuamos por el Paseo Nuevo llegaremos al puerto. O si recorremos entera la Alameda del Boulevard. Podríamos decir que muchos caminos terminan en el puerto, y qué buen sitio para acabar.

Antiguamente el puerto se conocía como La Jarana, porque era donde los marineros pasaban las noches bebiendo y festejando esperando a que abrieran las puertas de la ciudad a la mañana siguiente. Hoy jarana queda poca, pero aún podemos visitarlo e imaginar aquella época, o disfrutar la actual.

Qué ver en el puerto de San Sebastián

El puerto, aunque pequeño, es uno de esos sitios de la ciudad que hay que visitar. No solo porque forma parte de la historia de San Sebastián, también porque hay varias cosas que ver.

Portaletas y restos de murallas

Saliendo de la Parte Vieja, siguiendo la calle, llamada precisamente Puerto, cruzaremos la puerta Portaletas, la antigua puerta de entrada a la ciudad para todos aquellos que venían hasta aquí en barco. A los lados, el gran muro que separa el puerto del resto del barrio tenemos los pocos restos de la muralla que rodeaba la vieja Donosti que aún quedan en pie. Puedes caminar sobre ellos y sobre Portaletas, llegando a las escaleras que suben al monte Urgull. Desde aquí tendrás una vista estupenda del puerto y La Concha.

Iglesia de San Pedro Apostol

Construida a finales del siglo XIX como lugar de enterramiento de la familia que la mandó erigir, esta pequeña iglesia de estilo neogótico suele estar cerrada al público, pero si tienes la suerte de encontrarla abierta aprovecha, ya que su interior sorprende por su balconada al estilo de las iglesias vascofrancesas, sus pinturas dedicadas a las labores del mar y su barco colgante, típico de las iglesias marineras. Y sí, eso que ves en la parte alta del edificio son viviendas.

Monumento a Aita Mari

Aita Mari (José María Zubia) fue un pescador de Zumaia que estaba afincado en Donosti, y que en los días de tormenta ayudaba a los marineros que llegaban a San Sebastián a llegar a puerto sanos y salvos. Podría decirse que fue una de las primeras personas en realizar salvamento marítimo. Desgraciadamente, una noche, ayudando a unos compañeros durante una galerna, el mar reclamó su vida para compensar todas aquellas que había salvado. Así, este monumento honra su memoria y le agradece todo lo que hizo.

El busto de Aita Mari.

Museo Marítimo Vasco

Como no podía ser de otra manera, un museo dedicado al mundo marítimo vasco tenía que estar en el puerto. Este museo pequeñito alberga exposiciones temporales muy interesantes, siempre de temática marítima. El edificio antiguamente albergaba el Consulado del Mar y era uno de los pocos edificios fuera de murallas de la ciudad.

Aquarium

San Sebastián tiene el museo oceanográfico más antiguo de España. Inaugurado en 1928, fue también el primer museo de España dedicado a las ciencias naturales. En él, además de encontrar animales marinos, podrás visitar su interesante exposición permanente sobre la relación de los vascos y el mar. Su enorme acuario principal está atravesado por un túnel de cristal donde ver perfectamente todos los animales y las plantas que alberga. Ideal para visitar con niños, o con cualquiera que tenga ganas de aprender.

Espigones

El puerto está cerrado por dos brazos desde los cuales tienes algunas de las mejores vistas del puerto y Urgull, pero también de la bahía de La Concha. Sentarse en el muro y respirar la brisa con la playa de fondo es uno de los pasatiempos donostiarras principales y que cualquiera puede hacer.

Fiestas del puerto

Las fiestas del Carmen, o Karmengo jaiak en euskera, se celebran alrededor del 16 de julio, y son unas de nuestras fiestas preferidas de la ciudad. El ambiente es fantástico y hay decenas de actividades programadas tanto para mayores como para pequeños y para todos los gustos. Una fiesta auténtica, organizada por la misma gente del puerto y la Parte Vieja, y que ayuda a recordar aquellos tiempos de La Jarana.

Los gigantes y cabezudos de las fiestas del Carmen.